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Aceite usado de cocina: un residuo con muchas vidas que nunca debería acabar en el desagüe

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Biocombustibles, jabones, productos químicos y, ahora, también bioplásticos: reciclar correctamente el aceite usado permite convertir un residuo problemático en una valiosa materia prima.

¿Qué ocurre con el aceite después de freír unas patatas, cocinar unas croquetas o preparar cualquier alimento?

A simple vista puede parecer que, una vez utilizado varias veces, ha llegado al final de su vida útil. Sin embargo, ocurre exactamente lo contrario: el aceite usado de cocina puede convertirse en la materia prima de numerosos productos y procesos industriales.

Una reciente investigación desarrollada en la Universidad de Santiago de Compostela (USC) ofrece un buen ejemplo. La investigadora Carlota Ucha Muñoz, dentro de un estudio realizado en el Centro de Investigación Interdisciplinaria en Tecnologías Ambientales (CRETUS), ha estudiado la posibilidad de transformar aceite usado de cocina en PHA, un tipo de polímero de origen biológico y biodegradable que puede constituir una alternativa a los plásticos convencionales.

Es una nueva muestra de algo que conocemos desde hace tiempo: cuando el aceite usado se recoge y gestiona correctamente, no tenemos simplemente un residuo. Tenemos un recurso.

De la sartén al depósito: biodiésel y otros combustibles renovables

Uno de sus destinos más conocidos es la fabricación de biocombustibles.

Una vez recogido, el aceite puede someterse a diferentes procesos de tratamiento y acondicionamiento para convertirse en materia prima para la producción de combustibles renovables.

El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) señala precisamente la producción de biocarburantes como uno de los principales destinos del aceite de cocina usado recogido de manera separada.

Es probablemente uno de los mejores ejemplos de economía circular: un residuo generado en una cocina puede iniciar una nueva cadena de valor y terminar convertido en energía.

Jabones: uno de sus aprovechamientos tradicionales

Mucho antes de que habláramos de economía circular, el aceite usado ya tenía una segunda vida muy conocida: la fabricación de jabón.

Esta posibilidad continúa existiendo actualmente, tanto mediante determinados procesos domésticos como a escala profesional e industrial. De hecho, el propio MITECO incluye los jabones entre los productos que pueden obtenerse a partir de los aceites de cocina usados correctamente recogidos.

Es un ejemplo sencillo de cómo algo que hemos considerado un desperdicio puede sustituir parcialmente el consumo de nuevas materias primas.

Ceras, barnices y otros productos de la industria química

Las posibilidades no terminan ahí. Los aceites usados pueden aprovecharse también en diferentes procesos de la industria química. El MITECO cita expresamente, además de biocarburantes y jabones, la fabricación de productos como ceras y barnices, entre otros usos.

También se han investigado aplicaciones para obtener biolubricantes, buscando productos biodegradables que puedan sustituir en determinadas aplicaciones a otros derivados de materias primas fósiles.

Cada uno de estos aprovechamientos responde a procesos y requisitos diferentes, pero todos parten de una misma idea: recuperar una materia prima que ya tenemos en lugar de desecharla.

Y ahora, bioplásticos

La investigación desarrollada por Carlota Ucha abre otra vía especialmente interesante.

Su trabajo ha estudiado la transformación del aceite de cocina usado mediante procesos biotecnológicos para producir polihidroxialcanoatos (PHA). Se trata de polímeros de origen biológico y biodegradables que presentan potencial como alternativa a determinados plásticos convencionales.

La investigación estudió diferentes estrategias para aprovechar el aceite como fuente de carbono dentro del proceso. El trabajo demuestra así el potencial de seguir desarrollando nuevas formas de valorización de un residuo que generamos diariamente.

Biodiésel, jabones, productos químicos, biolubricantes, bioplásticos… y probablemente nuevas aplicaciones que la investigación permitirá desarrollar en los próximos años.

Pero para cualquiera de esas vidas hay un primer paso: recogerlo

Todo lo anterior resulta imposible si el aceite usado no entra en el circuito adecuado de recogida y gestión.

Y aquí está probablemente el mensaje más importante: Nunca debemos tirar el aceite usado de cocina por el fregadero o el inodoro.

No solo porque estemos desperdiciando una materia prima aprovechable. Su vertido puede provocar atascos en las tuberías, complicar y encarecer el tratamiento de las aguas residuales y terminar afectando a los ecosistemas acuáticos. El MITECO estima que un solo litro de aceite puede contaminar 40.000 litros de agua.

En los hogares, debe almacenarse una vez frío en un recipiente cerrado y llevarse a los sistemas de recogida habilitados, como puntos limpios o contenedores específicos. En el caso de grandes generadores, como establecimientos de hostelería y restauración, existen sistemas específicos de recogida mediante gestores especializados.

Reciclar es el principio de todas sus segundas vidas

A menudo hablamos de reciclaje pensando únicamente en evitar que un residuo contamine. En el caso del aceite usado de cocina podemos ir mucho más allá.

Reciclarlo significa conservar una materia prima.

Una materia prima con la que podemos producir combustibles renovables, fabricar jabones, obtener productos para la industria química o investigar nuevos materiales biodegradables.

No sabemos todavía cuántas aplicaciones podrá tener en el futuro. Lo que sí sabemos es que todas ellas necesitan que hagamos correctamente lo más sencillo: separar, recoger y reciclar el aceite usado de cocina.

Porque cuando acaba en el desagüe tenemos un problema. Cuando se recoge correctamente, tenemos un recurso.

Fuente: GaliciaXa, MITECO.